La SD Huesca cae en casa del Cádiz en un partido que empezó sin ritmo, se agitó al filo del descanso y fue un constante “quiero y no puedo” en la segunda.
Los azulgranas malgastan así una de sus últimas y mejores balas por la salvación, y es que el conjunto gaditano tenía la salvación virtual y el oscense, de ganar, habría metido en serios problemas a Elche y Valladolid. En lugar de eso, los de Pacheta siguen sin depender de sí mismos y deberán esperar el fallo de más rivales para lograr la permanencia.
Pacheta (5) Alocado. Sin ser el máximo culpable del rendimiento del equipo hoy, su planteamiento fue demasiado a bandazos, sin un punto intermedio en el que el equipo pudiera sentirse confortable. Del control aburrido de la primera parte a poner 4 delanteros al mismo tiempo sobre el terreno de juego en el descuento, dejando al equipo totalmente descubierto durante casi toda los segundos 45′.
Álvaro (6) Abrumado. No pudo hacer nada en ninguno de los dos tantos, con una defensa que durante la primera parte brilló por su ausencia de contundencia. Dos fallos groseros de concentración le obligaron a encajar. Durante los segundos 45′ le tocó ver como le avasallaban pero los tiros se iban fuera constantemente.
Maffeo (4) Torcido. Muy mala fortuna hoy para el joven carrilero, que cantó en el segundo tanto y se fue muy enfadado al banquillo al poco de reanudarse el choque.
Gastón Silva (4) Nervioso. Comenzó un poco fuera del partido, pero lo fue maquillando poco a poco. El gol en propia fue una lápida demasiado grande para su actuación, aunque no fue culpa suya.
Vavro (5) Castigado. Fue, por segunda jornada consecutiva, el primer cambio del equipo, el damnificado. No cuajó una mala primera parte pero sí erró en el segundo tanto gaditano, estando totalmente desconectado.
Siovas (6’5) Frío. Su peor y su mejor virtud fueron la misma. En la primera parte estuvo demasiado fuera del partido, pero en la segunda supo gestionar bien varias situaciones críticas.
Galán (6) Esporádico. Demasiado irregular durante todo el partido, sin ser diferencial en ninguno de los aspectos. Lo intentó con ahínco pero no logró sacar los centros o regates de otros choques.
Mikel Rico (5’5) Impotente. Vio como el equipo se le caía sin poder hacer él nada para evitarlo. No jugó mal pero fue cambiado en un intento desesperado de de Pacheta por meter más y más jugadores de ataque.
Mosquera (4) Líquido. Igual que Vavro, fue damnificado al descanso. No aportó mucho durante la primera parte y su perfil era demasiado conservador para encarar una segunda vuelta con exigencias.
Ferreiro (6) Centrador. Fue el único que supo poner balones precisos e incluso rozó el gol en una de las últimas acciones. Constante y por ambas bandas, fue de lo más constante del choque.
MVP | Rafa Mir (8) Arrollador. Un golazo para enmarcar y varias ocasiones parecidas en las que pecó de individual, pero en las que demostró (una vez más) estar un nivel por encima de la plantilla oscense.
Sandro (7’5) Arquitecto. Desde atrás, desde la banda o compartiendo la referencia: Sandro lo intentó con todas sus armas pero no pudo hacer nada por sumar.
LOS CAMBIOS
Sergio Gómez (7) Impreciso. Hoy, con 45′, surtió de centros a los delanteros y no erró pases en corto. Lo intentó, le echó descaro y le faltó precisión: 0 de los 8 centros fueron rematados, aunque alguno fue de calidad y fueron los delanteros los que no acertaron a rematarlo.
Pedro López (6) Parche. En una posición nueva para él, como la de central, supo adaptarse. Jugó bien, se incorporó por banda varias veces y, aunque dejó muy descubierta su posición, aportó opciones en ataque.
Doumbia (5) Exigido. Estuvo en muchas posiciones y en ninguna lo hizo mal, pero una vez más, dejó la sensación de que podía haber hecho más. Le falló la precisión en un par de pases clave.
Escriche (6) Interior. Jugó de medio centro creativo, posición extraña pero en la que parece encontrarse cómodo. Igual que otros tantos, lo intentó pero su calidad no fue suficiente para doblegar
Okazaki (SC) Perdido. Salió, se estorbó con el resto de delanteros y luego no llegó a un par de ocasiones claras que le llegaron.