Forjado en la mejor cantera del balonmano español, la de Granollers, Adrià Pérez firma su segunda temporada en el Bada Huesca donde le resta una más por contrato. Jugador de vestuario, competitivo como pocos, licenciado en ADE -trabajó en KH-7 y lo compatibilizó con el balonmano-, es un seguidor acérrimo del Barça y de las series de televisión. Ahora está enganchado a Vikingos. Y mientras espera la temporada definitiva de Juego de Tronos. Sufre cuando pierde un partido. Por lo tanto, las victorias también las vive con intensidad.
Su idilio con el balonmano empezó en el colegio. En el Sagrado Corazón de la Barcelona, ciudad donde nació en 1991. Tiene Adrià ese aire de chico serio, metódico. De los que prefieren escuchar antes que hablar. Pronto le enganchó este deporte. También probó el baloncesto. No pasó desapercibido y el primer club que se fijó en él fue el Sant Martí Adrianenc donde jugó un par de años hasta que fichó por Granollers. Allí coincidió con el jugador que más le ha impresionado: Ferrán Solé, ‘cosecha’ de 1992. “Era increíble. Ya hacía cosas diferentes. Es que es muy bueno. Ha sido el mejor extremo derecho del Mundial”, apostilla. Y cuando se le pregunta por un ídolo se fija en uno de su posición, el alemán Uwe Gensheimer. Lo analiza cada vez que puede. Sacar ideas para mejorar su juego.
Su casa de Barcelona está en Sans, muy cerca del Nou Camp. El ambiente los días de partido los vivía de forma especial. Quizá por eso su devoción por el Barça y por la competitividad. “Tengo muy mal perder. Y creo que por eso he llegado a donde he llegado”, dice. Y es claro. Reconoce que cuando uno tiene 16/17 años “hay 1.000 jugadores” similares. La diferencia está “en ese punto de ganas”. Allí surge la frontera. Los que se quedan y los que dan el paso a la elite.
Satisfacción
Las victorias las celebra con una palabra: “Satisfacción. “Cuando juego espero ganar siempre”, afirma. Excluye al Barça, por su enorme potencial, pero aún así mantiene la esperanza de vencerles. ¿Y las derrotas? Cuesta digerirlas. Especialmente en torneos como el de la Copa del Rey. Y echa la mirada a la eliminatoria de la pasada temporada contra Puente Genil. “Fue muy duro no ir a una final donde iban a estar los mejores de España y por cinco minutos malos. Como profesional dolió mucho”, incide.
Finta de forma elegante cuando se le dice que tiene pinta de tipo serio. “Durante el partido se ve una cosa y cuando estás disputándolo estás trabajando. Es que es nuestro trabajo”, señala. Eso sí, con una temporada en el Bada, celebra los tantos de otra manera. “Ya no soy nuevo. Oyes que te animan de forma personal. Te sientes más importante y notas que formas parte de este club. Además, como las cosas me están saliendo bien todo eso anima. Igual por eso se me ve más eufórico”, dice con el mismo énfasis que en cualquier otra frase.
Implicado
El cambio de Granollers a Huesca fue radical. En cuanto a ciudades y ambientes. Se siente querido -nada más terminar su presentación como jugador patrocinado por la empresa Webdream una trabajadora le pidió que firmara un autógrafo para su sobrina-, implicado en la ciudad y alaba el trabajo que se hace con la cantera.
Por su forma de entender el deporte y ese sexto puesto en la Asobal deja al Bada en una situación tremenda: a las puertas de conseguir todo y con la posibilidad de quedarse sin nada. “Esto nos obliga a no relajarnos. Compites todos los partidos porque eres profesional, pero cuando una jornada estás en Europa y otra no, esto provoca que el equipo esté con la ambición de sumar. Estamos en un momento muy bonito”.