ZARAGOZA | El camino al estadio se llena de sol y de aficionados. Todos andan, autómatas, hacia el estadio de sus vidas. El trayecto tiene algo de terapia espiritual, de ruta colectiva. Alguien pronuncia en voz alta el deseo que todos tienen: “A ver si mañana ganamos”. En los últimos pasos el rumor, se hace ruido. Cada vez más fuerte. Desde fuera las voces adquieren un sentido. Los grupos más representativos de la afición zaragocista descubren el eslogan del día: “Ahora más que nunca: Real Zaragoza”.
La afición llena la tribuna. Se corean el himno y todos los clásicos de la grada. Hay bengalas, pancartas y ensayos. El Real Zaragoza vive sus días más grises pero no camina solo. Y hay sol en La Romareda. Por primera vez en mucho tiempo. Gabi Fernández prepara un entrenamiento con muchos ensayos y pruebas de tiro. Los futbolistas no están finos, pero no hay reproches en la grada. Mejoran con el avance del entrenamiento, quizá con el aliento de los fieles.
El Real Zaragoza y las claves de un entrenamiento a puertas abiertas
Los ejercicios de ataque y defensa activan al grupo. Los centros descubren algunos de los defectos de este equipo. Pero hoy no habrá facturas, solo voluntades. El entrenamiento prueba también que Gabi Fernández nunca dejará de ser futbolista. Mantiene su toque y asiste a los suyos, en busca de los goles. No hay mejor símbolo que ese. Es exactamente lo que Gabi ha venido a hacer aquí: rescatar al Real Zaragoza. El técnico quiere devolverle a Zaragoza todo lo que Zaragoza le dio a él. Y el ambiente que se vive hoy en el estadio, con el equipo a un punto del descenso, no se explica sin su llegada. Todo lo que podía hacer desde fuera del campo, lo ha logrado. A él, a su equipo y a su cuerpo técnico solo les hace falta una victoria que le dé fuerza a su trabajo. También a una grada que está haciendo todo por ganar.
Los ejercicios en espacio reducido descubren también algunas pistas: Aketxe actúa de comodín, como un alma libre. Ese peto le otorga una licencia: el domingo podría ser más protagonista de lo que ha sido hasta ahora. También las palabras de Gabi le dan fuerza a esa tesis. Él, que siempre pareció más inspirado con un entrenador que pudiera entenderle, responde con los mejores goles de la práctica.
La sesión se cierra con cánticos, con fiebre en las gradas. También con un lema que permanece un siglo tras otro: Zaragoza no se rinde. En ninguna lengua viva. Hoy esa idea se traslada al fútbol, a un equipo que tiembla ante el descenso. Ante el miedo, una respuesta: el último acto de La Vieja Romareda puede ser salvar al Real Zaragoza. Mañana ante el Mirandés llegará el tiempo de los futbolistas. El momento de los valientes. El día de la verdad. En el cierre, la afición repite por última vez un lema esencial. Y lo canta más que nunca.