Parece que hace un siglo que se acabó la primera vuelta, y que el Huesca sea el último en salir a escena en 2023 todavía hace que esa sensación se agrande más si cabe, así que mientras llega el partido frente al Albacete, permítanme contarles mi única inquietud tras 21 partidos ligueros. Sin querer estirar mucho el chicle antes de ir a lo importante, recuerden qué sensaciones teníamos en plenas fiestas de San Lorenzo: dudas con el equipo que era nuevo, dudas con el entrenador, que más allá de su experiencia también se estrenaba en el banquillo. Dudas también con la dirección deportiva, que por motivos económicos no había podido cerrar la plantilla, y dudas también en la plantilla. Porque todos conveníamos en que el Huesca necesitaba un central, y si podía ser hasta dos, y un “delantero goleador” (absurda coletilla que ponemos los periodistas, todo hay que decirlo).
No les voy a relatar cómo empezó el Huesca la temporada ni lo que tardaron muchos jugadores en asentarse, porque quedaría muy largo y esa reflexión la dejamos para otro día, pero tras 21 partidos y 28 puntos, el problema es que la gente se aburre viendo al Huesca. Partiendo de la base de que toda opinión es muy respetable, seguramente el raro seré yo, que no sabía que en El Alcoraz debían emularse al Brasil del 70 o al Barcelona de Guardiola.
Yo entiendo que el personal pida que el equipo llegue más al área, que en los últimos partidos llega poco, que meta más goles, que los números no engañan y mete pocos, o que haya más jugadas de esas que te hacen sacar las palmas de los bolsillos para aplaudir, pero curiosamente, hace unas temporadas “nos quejábamos” de lo contrario. Porque el Huesca de Francisco era vistoso, pero nada efectivo y fue un caramelito para los rivales en Primera de aquel año.
El Huesca de Michel era muy vistoso, seguramente el que mejor ha jugado al fútbol en 15 años, pero encajaba mucho y era inocente, como el Huesca de Francisco. Con la llegada de Pacheta, pocas quejas escuché cuando, utilizando la lógica, el técnico cambió el sistema, aparcó el preciosismo y se dedicó al practicismo. Y qué curioso que ese excesivo practicismo, probablemente le costó la permanencia al equipo.
Está bien exigirle al equipo cosas para no caer en la complacencia y el conformismo, pero quizá estaría bien contar 3 antes de pedir según que cosas, porque pasamos del día a la noche en cuestión de segundos. Yo prefiero aburrirme soberanamente y vivir tranquilo la permanencia, que no que cada semana me digan “qué bien juega tu equipo, merecéis más puntos, no os merecéis estar tan abajo”, y ser un chollo para los rivales.
Compro a quien me diga que se aburre que sobre todo en el último mes, el Huesca ha llegado poco a puerta, que ha tirado menos y que ha vivido mucho más de su solidez defensiva para sumar puntos, pero pienso en las dudas y los miedos de agosto y créanme que estoy feliz de la vida. Ya quisieran en Ibiza o Lugo, por poner solo dos ejemplos, aburrirse tanto y vivir donde está el Huesca. Pensemos en lo que se va construyendo este año, y ya llegarán los tiempos para exigir y pedir más, que tenemos muy frágil la memoria y cuanto más tenemos, más queremos.
… y porqué no nos quedamos con el Huesca de Rubí… vistoso, equilibrado… y de menor presupuesto?