ZARAGOZA | Gabi Fernández ha conseguido acumular méritos fuera del césped y algunos intangibles en el terreno. Pero no ha logrado un triunfo que refuerce su trabajo. La llegada de un nuevo entrenador necesita un efecto inmediato y más en un contexto tan dramático como el que afronta el Real Zaragoza. Los progresos han sido claros en torno al rigor y la solidez, en la construcción de una armadura. Pero el técnico no ha logrado mejorar la suerte en lo sustancial, con 1 punto de 6 posibles, con más unidad que resultados, más protección que fútbol. También con la misma distancia sobre el Eldense y, por tanto, de la Primera RFEF.
La impresión general es que el Zaragoza de Gabi es más fiable que el de Ramírez. En sus primeras estaciones, ha vuelto a parecer un equipo. Y ese era un paso imprescindible, por mucho que sigan faltando los siguientes. El grupo no ha logrado romper el techo de sus bloqueos, pero ha acentuado su comportamiento colectivo, un sistema de ayudas férreo, un juego fabricado a través de la tensión y del orden. Quizá esa noción define lo bueno y lo malo de este Zaragoza. La tensión recorre a los jugadores, les hace vivir en el límite. Eso explica dos cosas: el progreso colectivo del grupo en términos de implicación y la suma de errores impropios del fútbol profesional.
Gabi Fernández y la importancia de los detalles
Precisamente los errores son el mejor resumen de la derrota ante el Racing de Santander y el camino que debe evitar el Zaragoza ante el Mirandés. Ahora mismo y según su planteamiento, el equipo de Gabi debe hacerlo todo bien, casi perfecto. Y, desde luego, no puede equivocarse de una forma tan flagrante como lo hizo en el Sardinero. Con 4 puntos en los últimos dos meses, urge ganar por primera vez en 2025 en La Romareda. Si una línea debe dominar el juego y controlar las emociones es la del mediocampo, donde hay más juego del que hasta ahora se ha mostrado. Keidi Bare avanza en su recuperación y podría incorporarse a un duelo a vida o muerte.
Alumno aventajado de Simeone y aprendiz de Marcelino, Javier Aguirre o Gregorio Manzano, Gabi es un entrenador por hacer, pero ya ha mostrado ser un técnico con discurso y un tipo con principios. Avanza en una línea propia, en la búsqueda de un estilo que recupera la intensidad y la organización para este grupo. Esas nociones serán básicas para ganar el partido, pero conviene progresar en los detalles y todos los matices que siguen pendientes. Frente al Mirandés el balón parado volverá a ser una suerte fundamental y el grupo debe evitar a toda costa los errores propios. El Zaragoza no puede volver a perder un partido por su cuenta.
Balón parado y errores individuales
Hay preguntas que pueden estropear un buen examen y, ante la necesidad y la urgencia del próximo encuentro, el Zaragoza debe encontrar un equilibrio y una paradoja. Con balón debe liberarse de sus cadenas y, sin balón, reforzar las jaulas que ha construido. Ante la duda, cualquier técnico tiene la tentación de cambiar su modelo, de reescribir su partitura.
Se espera que no sea el caso de Gabi Fernández, de un tipo que nunca supo traicionarse.