ZARAGOZA | El Real Zaragoza es un equipo pálido, cerca de enfermar. Afectado por todo tipo de males, el conjunto aragonés no es capaz de encontrar remedio a lo que le sucede. Las lesiones, los bajones en el rendimiento o los constantes y repentinos cambios de posición están afectando a todos los miembros de la plantilla como si de un peligroso virus se tratase.
El último en contagiarse ha sido el hondureño Kervin Arriaga. El impacto del centrocampista fue muy positivo en sus inicios, convirtiéndose rápidamente en una pieza clave en el esquema de Miguel Ángel Ramírez. Sin embargo, Kervin parece haber cedido ante la negatividad del resto y su rendimiento en los dos últimos partidos ha sido peor que el de los dos anteriores. En Granada, Arriaga estuvo lejos de sí mismo durante los 90 minutos. Fuera de su posición natural, se le vio incómodo en ciertos lances y sus costuras se pudieron ver con claridad. El ’16’ hizo propios los puntos fuertes de otros, olvidándose los suyos en sus primeros partidos: no ganó ni la mitad de los duelos aéreos que disputó.
En este momento de la temporada, el Real Zaragoza se encuentra muy cerca del abismo, mirando a los ojos a aquellos demonios cuyas miradas ya se clavaron en el cuadro aragonés hace cosa de un año. Para que la entidad blanquilla se reencuentre con sus virtudes, debe minimizar los errores y ser más agresivo. Y en este punto emerge Kervin Arriaga: las mejores actuaciones del Real Zaragoza en 2025 han ido acompañadas de su mejor versión. Experto en aquello que nadie quiere hacer, abre un enorme abanico de posibilidades a sus compañeros. Al contar con un cerrojo en el medio, la libertad y creatividad de los demás se expande, generando un fútbol distinto.
Epidemia en la medular
A pesar de que ocupó la posición de central en el último partido, Arriaga forma parte de un centro del campo muy mermado por las lesiones. Con Toni Moya y Raúl Guti en el dique seco, Kervin Arriaga se encuentra únicamente acompañado de Keidi Bare y Francho Serrano, hechos quizá para jugar a otro fútbol. Es por ello por lo que gracias a su polivalencia, así como también a los problemas físicos en la zaga, Arriaga tuvo que desplazarse al centro de la zaga, un lugar que no es suyo, y que nunca lo sentirá como tal.