ZARAGOZA | El Real Zaragoza jugó ante el Amorebieta un partido pobre, menor. Fue anulado durante muchos minutos por el impulso que le sonrió a Velázquez. El efecto de un nuevo entrenador, del debutante Jandro Castro, benefició al equipo local y no al Real Zaragoza. Los de Velázquez no consiguieron igualar en términos imprescindibles a su rival. Intensidad, activación tras pérdida o inteligencia competitiva. Son conceptos difusos para un partido que en otro tiempo se hubiera resumido en el barro, en la disputa.
Antes de que apareciera el árbitro, el Zaragoza ya perdía. Cuando el colegiado López Toca fue protagonista, impidió que ganara. Pudo vencer el Zaragoza sin llegar a merecerlo, pero el colegiado y el VAR no se presentaron en dos jugadas claves. En primer lugar, no consideraron expulsión una entrada tipificada en el viejo y el nuevo testamento como roja. En la escena más llamativa, la que llegó después, Félix Garreta evitó el gol con el brazo. No hubo lugar para las dudas ni tiempo para las quejas.

Debió ser penalti, con todas las letras. Pero ni el árbitro lo consideró ni el VAR creyó que la acción tuviera que ser revisada. Falló el humano y no corrigió la máquina. Y el Zaragoza no reaccionó en la media hora que le siguió, incapaz de ser un equipo dominador, protagonista, en el campo del último clasificado. El partido se explicó a través de dos nombres. Maikel Mesa y Félix Garreta fueron protagonistas por su cuenta, uno en cada bando. Coincidieron en el primer gol, cuando Mesa estuvo blando en el marcaje del primero. El canario pudo vengarse en un penalti forzado por Mouriño, que lanzó bien y celebró con rabia. Después, ya en la segunda mitad, Garreta evitó el gol de Moya con una mano que ya está escrita.
El Zaragoza perdió ayer una nueva oportunidad. En una liga que ofrece revanchas todas las semanas, pareció débil, incapaz en el fútbol y frustrado ante las máquinas. El VAR ha hecho peores a los árbitros y ha hecho más confundido el juego. A veces por su acción y otras tantas por omisión. La pesadilla llegó en la víspera de navidad, con un equipo al que los grandes objetivos le quedan muy lejos. Irregular, vencido ayer en el juego sin llegar a perder en el marcador. Su imagen perdió crédito sobre el césped, quizá porque el equipo recordó más al que se vio en Albacete que al que supo anular al líder y empatar ante el Espanyol. Perjudicado también por el árbitro, en una fotografía que vale más que mil penaltis.