ZARAGOZA| La noche de ayer en la que La Romareda se despidió para siempre de la Copa del Rey dejó varios protagonistas. Desde lo que parece ser la redención de Adu Ares pasando por la negligencia del cuerpo técnico en el penalti de Mañas hasta la historia maldita de Enrique Clemente. El canterano zaragocista volvió a reencontrarse con sus fantasmas del pasado, como si desde aquel día en el Molinón siguiesen rondándole. Decidió asumir los galones de un penalti clave en la tanda pero Luca Zidane adivinó todas sus intenciones. Su rostro y sus gestos de frustración tras el fallo resumen el calvario por el que atraviesa el zaragozano.
Después de más de un mes prácticamente en el ostracismo, Enrique Clemente regresó al once titular. Arropado en una línea de tres, pasó casi desapercibido a lo largo del encuentro hasta que un saque de esquina determinaría como iba a ser su noche. El zaragocista metió el tacón de la bota en el área pequeña y el balón se introdujo en su propia portería. Más allá de ese error, hubo otra acción que demostró como el canterano se encuentra mentalmente. Sin apenas presión por parte del rival, decidió despejar el balón hacia ningún sitio y sin ningún tipo de criterio. Femenías se lo recriminó y las palabras de Clemente, algo así como “no sé lo que tengo detrás”, fueron esclarecedoras. Esa corta expresión reveló su poca confianza en sí mismo y el momento actual por el que está atravesando.
El partido llegó al final de los 90 minutos y se dio paso a una prórroga que nadie quería jugar. El Real Zaragoza tuvo la ocasión más clara de la media hora extra en las botas de Keidi Bare que hubiera ahorrado la triste lotería de los penaltis que vendría después. Con el 3-3 y la ventaja zaragocista, Clemente dio un paso al frente. Quiso poner fin a su duelo, cerrar heridas del pasado que aún seguían abiertas. Su valentía no puede ser puesta en duda jamás, pero la decisión de que fuera él quien se encargara de ejecutar la pena máxima sí. Hay que mirar al banquillo y también al resto de sus compañeros que no quisieron tirarlo por delante de un chico completamente nublado.
Luca Zidane, tras haber anotado él mismo el tercer gol, se abalanzó hacia su izquierda y le negó el penalti al canterano. Sus manos cubriendo la cara al completo reflejan una especie de maldición que se ha apoderado de Enrique Clemente, como si aquella exagerada celebración vistiendo los colores del Racing de Ferrol hubiera supuesto un mal de ojo que solo el paso del tiempo podrá curar.