ZARAGOZA | El Real Zaragoza consiguió un triunfo agónico ante el Racing de Ferrol, una tregua antes de Navidad. La victoria no se explicó desde el fútbol, sino desde los parámetros más emocionales. El Zaragoza ganó con el corazón, la espalda y la garganta. El corazón del grupo, aplicado en el otro fútbol, que quiso mucho más de lo que pudo. La espalda de Pau Sans y su recurso de playa, que sirvió para encontrar la zurda de Ager Aketxe. La garganta de una afición que arropó al Zaragoza en el estreno David Navarro a los mandos, que llenó de cánticos el estadio, que volvió a ofrecer mucho más de lo que su equipo da.
David Navarro fue héroe por un día para el Zaragoza, villano para el Racing de Ferrol. El partido empezó a ganarse un día antes, a través de su discurso, con reflexiones tan válidas para el fútbol como para la vida. Tocó la fibra, cambió la escena y se aferró a la oportunidad de su carrera. El encuentro se movió además en el terreno que él había anunciado: en el fútbol de barro, en el dramatismo. Y se venció desde el orgullo y la tensión competitiva. Para que el Zaragoza ganara medió una genialidad compartida entre Pau Sans y Ager Aketxe y un nuevo milagro de Gaëtan Poussin. Vencido ya su cuerpo, el pie del francés permaneció firme, en una estructura mágica. Pareció una concesión de los dioses de este juego: los mismos a los que David Navarro apeló en los instantes previos al partido. Su mirada al cielo fue la imagen de ese momento.
Trifulca al acabar el partido
La tensión explicó también el final del partido, en una secuencia que ha alcanzado la escala nacional. Todo partió en el minuto 92, cuando Rober Correa alcanzó a Pau Sans en una entrada durísima. A esa expulsión le siguió un barullo sobre el césped y también en los banquillos. En ese punto, el conflicto en la zona técnica se dio entre David Navarro y Javier Manjarín. Las imágenes que sitúan a Navarro con el rostro enloquecido, desencajado, responden a ese momento. Ambos se retaron, con el dedo y sus palabras. El partido se fue hasta el 95:21 y en ese momento, se desató la euforia en el banquillo zaragocista, con un triunfo agónico y liberador.
Alberto Belsué quiso interponerse en el camino entre Cristóbal Parralo y David Navarro. Fue en ese instante, cuando el técnico visitante pronunció las siguiente palabras: “Solo le voy a dar la mano”. Belsué creyó que estaba firmando una tregua y Parralo hizo después algo muy distinto de lo que había dicho. El técnico cordobés le propinó un cabezazo a Navarro, que quiso responder con un golpe inmediato. El acta reflejó los dos incidentes y los dos técnicos se enfrentan a sanciones que pueden condicionar su futuro. Parralo quedó más cuestionado que nunca tras la derrota: le espera una sanción de 6 a 8 partidos y el rumor de su destitución. El castigo será más leve para Navarro, que oscilará entre los 2 y 4 partidos.
El final de la escena se explicó por la tensión del duelo y resumió también la victoria más agónica del Real Zaragoza.