ZARAGOZA | Mario Soberón volvió al gol ante el Sporting de Gijón. Lo hizo cinco meses más tarde, muchos partidos después. De espaldas al marco, tuvo instinto y una noción que no se enseña: la portería siempre estuvo en su cabeza. Ayer regresó a la dinámica de los entrenamientos, después de que su ausencia en las primeras prácticas de la semana hiciera temblar a cualquiera. Ante el partido más importante del curso, la presencia de Mario Soberón parece más esencial que ninguna otra.
Soberón se medirá al Eldense en La Romareda, en un duelo clave para la temporada, especial para él. En el equipo alicantino se convirtió en una referencia. Pieza clave en el ascenso a Segunda División, los 9 goles del curso pasado justificaron la apuesta de Cordero y el Real Zaragoza. En La Romareda logró deslumbrar desde el inicio. Rompió la maldición de los delanteros y se ganó a la grada, que le dedicó un cántico propio.
Mario Soberón y La Romareda
Al principio pareció un fichaje sin portadas. Esa lectura fue un resumen perfecto de su carrera. No siempre llamó la atención, pero acudía puntual al sitio de los goles. Formado en el Racing de Santander, otros jugadores despertaron más interés que él. Tampoco pudo brillar en dos de los filiales en los que estuvo: Levante y Valladolid. Le rescató el Logroñés. Y cultivó su instinto en el fútbol de barro, con el Eldense como siguiente estación y el mejor de los ejemplos.
Discreto, se camufló en busca de la ocasión y reinó pronto en La Romareda. Su inicio de temporada despertó una pregunta: ¿cómo un delantero tan silencioso puede hacer tanto ruido? La historia se torció a finales de octubre. Quizá amagó antes con una lesión, que pareció interminable meses más tarde. Su suplencia en El Molinón pudo explicarse a través de unas molestias, también el cambio ante el Racing de Santander en plena remontada. Cayó en Tenerife y después se perdió 17 partidos de liga. A su lesión original le siguió una dolencia diferente y probablemente alguna réplica. Volvió 4 meses más tarde ante el Granada y necesitó 3 minutos para probar de nuevo su disparo. A su ausencia le sucedió una duda fundamental: ¿qué hubiera sido de la temporada si Mario Soberón nunca hubiera faltado?
Un secreto de tres letras
Ante esa pregunta, hoy se encuentra una respuesta paralela: Soberón ya ha vuelto. Y sus números son los mejores de un delantero en estos años de Segunda. El 60% de sus disparos van a puerta y el 40% de ellos acaban en gol. Nadie necesita menos remates para marcar (2’5) y es el segundo futbolista de toda la categoría con mayor índice de contribución goleadora (una relación entre los minutos jugados -724- y los tantos anotados -7-). Ni siquiera ha necesitado estar en su plenitud física para volver a marcar, para probar que sabe estar en el lugar en el que todo se resuelve. El fútbol de Mario Soberón se resume a través de la intuición, el olfato y el disparo. A partir de tres letras que siempre lo explicaron todo.
Gol.